Arquitectura
Baños andalusíes Siglo XII-XIV
Junto con la iglesia de la Anunciación, los baños andalusíes son el monumento más importante de la localidad granadina de Cogollos Vega. Declarados Bien de Interés Cultural, se trata de un conjunto enclavado dentro de dos viviendas, lo que ha favorecido su buena conservación. El conjunto se data entre los siglos XII y XIV. Los baños, realizados peculiarmente en piedra, presentan tres naves, de las cuales la de entrada es menor en altura y anchura. La tipología estructural responde a la que es típica de los baños andalusíes, tomada del mundo romano: tres salas dedicadas al agua fría (bayt al-barid), templada (bayt al-wastini) y caliente (bayt al-sajun). Además de la piedra, también se empleó el ladrillo como material constructivo, con el que se formaron las bóvedas. Las naves están cubiertas con bóvedas esquifadas con lumbreras octogonales, aunque en el vestíbulo de acceso (bayt al-maslaj) se empleó una bóveda de cañón.
Iglesia de la Anunciación Siglo XVII
La parroquia de la Anunciación de Cogollos Vega fue levantada en siglo XVII, probablemente sobre una antigua mezquita. Fue construida en el típico mudéjar granadino, de lo que dan fe sus dos naves, la torre y el artesonado. El templo tiene dos portadas, una orientada a poniente y otra al sur, construida más tardíamente junto con la nave lateral. El interior de la iglesia presenta notables obras de arte. Destaca por encima de todas un retablo barroco del siglo XVIII, debiendo mencionarse también una Purísima atribuida a Alonso Cano. Completan el conjunto de las obras diversas piezas de orfebrería y ornamentos de gran valor. La capilla mayor, del siglo XVIII, fue regalada por una familia aragonesa, de la cual se guarda un retrato en el templo. También son notables las esculturas que jalonan el espacio de la parroquia. Todas ellas son de los siglos XVII-XVIII y se atribuyen a la escuela granadina, mayoritariamente al entorno de Pablo de Rojas. Las más destacadas son una Inmaculada, que debió salir del taller de los Mora; un Nazareno y una Dolorosa, de Pedro de Mena; un Crucificado y una Virgen del Rosario, de Pablo de Rojas y, finalmente, un San Antonio de Padua, de Salvador Ledesma.